Cuando una persona está enojada, desahogarse puede parecer una forma lógica de liberar la tensión. Desde gritar o hablar sobre lo ocurrido hasta realizar alguna actividad física, existe la idea de que expresar la ira permite «sacarla» y recuperar la calma.
Sin embargo, una revisión de investigaciones publicada en la revista científica Clinical Psychology Review encontró poca evidencia de que desahogarse reduzca la ira y señaló que algunas formas de aumentar la activación física podrían incluso intensificarla.
Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio analizaron 155 estudios con un total de 10 mil 189 participantes, pertenecientes a diferentes edades, géneros, culturas y grupos étnicos.
El análisis se centró en actividades que aumentan o disminuyen la excitación fisiológica, es decir, el nivel de activación del organismo que puede presentarse durante emociones como la ira.
La llamada «catarsis» no sería la mejor estrategia
El estudio cuestiona la conocida idea de que expresar la ira permite liberar tensión y disminuir el enojo, una teoría asociada con el concepto de catarsis.
«Creo que es muy importante desmentir el mito de que si estás enfadado debes desahogarte, quitarte ese peso de encima», señaló Brad Bushman, autor principal del estudio y científico de la comunicación.
Los investigadores encontraron que las actividades diseñadas para reducir la excitación fisiológica fueron más consistentes para disminuir la ira, mientras que aquellas que incrementaban la activación no mostraron el mismo efecto.
Entre las estrategias que presentaron resultados favorables se encuentran:
- Respiración profunda o diafragmática.
- Meditación y atención plena.
- Relajación muscular progresiva.
- Yoga de ritmo lento.
- Tomarse un descanso.
- Actividades que permitan reducir el nivel de activación del organismo.
¿Hacer ejercicio ayuda cuando estamos enojados?
Una de las conclusiones que pueden resultar menos intuitivas es que hacer ejercicio no necesariamente disminuye la ira en el momento.
Los investigadores analizaron actividades como correr, trotar, ciclismo y boxeo, que pueden incrementar la frecuencia cardiaca y la activación fisiológica.
De acuerdo con los resultados, las actividades que aumentan esa excitación no fueron, en general, las más eficaces para reducir el enojo. El running fue una de las actividades que mostró mayor posibilidad de incrementar la ira dentro de los estudios analizados.
Esto no significa que correr o hacer ejercicio sea perjudicial. La actividad física tiene múltiples beneficios para la salud, pero el estudio distingue entre sus beneficios generales y su efecto inmediato sobre la ira.
Los resultados también sugirieron que algunas actividades físicas relacionadas con el juego o los deportes de pelota podrían tener efectos diferentes, posiblemente porque además de la actividad física incorporan un componente recreativo.
¿Qué ocurre en el cuerpo cuando sentimos ira?
La ira no solamente implica pensamientos o emociones. También genera cambios físicos: aumenta la activación del organismo, puede acelerar el ritmo cardiaco y preparar al cuerpo para responder ante una situación percibida como amenazante o frustrante.
Por ello, los autores plantean que una estrategia para controlar el enojo puede consistir en reducir esa activación, en lugar de intentar incrementarla mediante una descarga emocional o física.
Sophie Kjærvik, primera autora de la investigación, explicó que el trabajo surgió, entre otros motivos, por el interés en las llamadas «salas de la ira», establecimientos donde las personas rompen objetos como una forma de liberar su enojo.
«Quería desmitificar toda la teoría de que expresar la ira es una forma de afrontarla», señaló la investigadora.
¿Qué hacer cuando estás muy enojado?
Los resultados apuntan a que, antes de reaccionar impulsivamente, puede ser útil hacer una pausa y reducir la intensidad de la activación física.
Respirar lentamente, alejarse durante unos minutos de la situación, practicar técnicas de relajación o realizar una actividad tranquila pueden ayudar a disminuir el nivel de excitación.
Los investigadores también señalan que reflexionar sobre las razones del enojo puede ser útil para comprender qué lo desencadenó y abordar posteriormente el problema que originó la emoción.
El estudio no plantea que la ira deba ignorarse o reprimirse. Su conclusión se centra en que expresar la ira mediante actividades que incrementan la activación no necesariamente permite reducirla y, en algunos casos, podría tener el efecto contrario.
Los autores señalan que todavía se requiere más investigación, pero consideran que las estrategias de relajación utilizadas para reducir el estrés también pueden ser herramientas útiles para controlar la intensidad de la ira.
La investigación fue publicada en Clinical Psychology Review.








